Hooligans del humor

Odio el reggaetón. Pero aquí estoy, aguantando estoicamente canción tras canción mientras las orejas se me van desangrando y la mala le leche me impide pensar con claridad. Me imagino a mi misma acercándome hacia la barra, despacito, y diciéndole al DJ, al oído, que su música y sus letras me ofenden profundamente y que  voy a reventarle la cara a puñetazos porque su gusto musical me parece un insulto a la inteligencia humana. Mi imaginación no tiene límites.

De repente la música para y sale al escenario un pobre tipo que dice que hace stand Up Comedy. Cuenta algunos chistes sobre gordos. Son muy malos. Pero me hacen reír y casi ya ni me acuerdo del DJ de mierda de antes. El tipo tiene huevos. Nadie se atreve a reírse de los gordos. Y menos siendo delgado. Se puede hacer comedia de los veganos, de las monjas y de los gitanos pero los gordos son intocables. Metafóricamente hablando. (Y literalmente también).  

Yo soy de las que pienso que los cómicos tienen cierta responsabilidad social y que deben plantear a través de la risa los debates morales necesarios sobre los temas tabú. Y si más no, es trabajo suyo, con la complicidad del público, explorar los límites del humor.

Y sin embargo sé que el pobre tipo del escenario va a acabar la noche con las gafas rotas y en el suelo golpeado por unos hooligans del humor que se creen mejor que nadie porque son capaces de reventarle la cabeza a una persona que, mejor o peor, y a su humilde manera, está intentando mejorar este mundo de mierda. Despacito.

 

 

 

Ni una puta dona!

Espero que aquest titular que just acabeu de llegir no hagi ofès ningú. I demano disculpes si el text que ve a continuació no satisfà les expectatives que l’esmentat títol hagi pogut despertar.

Senyores, ens hem equivocat d’estratègia. Us heu equivocat d’estratègia. Estem perdent el temps i la credibilitat. Esteu perdent el temps i la credibilitat. Amb collonades. Parlo, per exemple d’exigir amb tanta insistència l’ús d’un llenguatge forçadament inclusiu. També parlo de coses que no són tonteries, com reivindicar unes lleis que perpetuen el concepte d’una maternitat idealitzada i que a la pràctica, a més,  resulten professionalment castradores.

Que sí! Que està molt bé tenir la llibertat de poder ensenyar els pits a la piscina. Pero encara estaria millor no trobar-nos per Internet imatges com aquesta. Ni una puta dona!

El sentido del humor de los cómicos

Empecé un curso de monólogos para darle a mi mente una distracción de su particular infierno. Y funcionó. El humor sirve para relativizar la importancia de las cosas. Aunque es cierto que las bromas siempre llevan una dosis de verdad. De una percepción de la verdad. Exagerada o distorsionada. O bañada de ironía. Pero no gratuita. Es por esto que si no se quiere salir “malogrado” de una actuación es aconsejable buscar la complicidad del público. Y aquí es donde la cagué con mi texto sobre los Open Mics de Barcelona.

Sobrevaloré la capacidad de los cómicos de reírse de sí mismos. Sigo pensando que Cómicos de Barcelona es un encanto, que Ajojejo son unos frikis, que el Barcelona Comedy Club toca muchas teclas, que l’Altre mic son los que más trabajan de lo suyo, que los feismos están muy seguros de sí mismos y que los comic lingus no saben lo que hacen.

Y sigo pensando que a mi me ha resultado muy difícil conectar con L.O.C.A Comedy y con las Riot. (Después de lo del chupito me da mucha rabia porque está claro que las Riot tienen muchísimo sentido del humor). De verdad siento si ofendí al colectivo LGTBI. Jamás se me ocurriría cuestionar sus derechos. Orgullo no les falta. Está claro.

Y quiero acabar cantando una canción que me encanta: “No me digas que no hay nada más triste que lo tuyo. Hay miles de cosas en el mundo que son mucho peor.”

La ruta barcelonesa del eterno open miker

Algunos con más talento que otros, que conste en acta, pero lo cierto es que en Barcelona hay muchos cómicos que hacen monólogos de humor. O al menos lo intentan. Igual que intentan abrirse un hueco en el mundillo del standup comedy.  Bien, algunos lo intentan más que otros. Muchos, demasiados, optan por coger tablas subiéndose al escenario (quien dice escenario dice carro) de los diferentes espectáculos de micro abierto (open mic) que se organizan en Barcelona. Los open mics, por si alguien no lo sabe, son eventos en que los cómicos no cobran ya que el objetivo es que prueben sus textos delante del público, que sí que paga entrada, por cierto.

La paradoja de este circuito es no saber salirse de él y convertirse en un eterno open miker, esto es, el monologuista que está siempre en modo “versión de prueba” sin buscar la manera de dar un pequeño o gran salto a un bolo de verdad. Porque se puede ser monologuista a tiempo parcial y cobrar algún dinerillo (aunque sea para las pipas) sin necesidad de dedicarse a esto profesionalmente. ¡Digo yo! Pero los aspirantes a cómicos del stand up estamos andando en círculos endogámicos sin salir de nuestra zona de confort.

Yo no juzgo a nadie, eh… ¡Dios me libre! Al contrario, siento tanta simpatía por este colectivo de hombres y mujeres (muchas menos en porcentaje) que he querido formar parte de este. Y como hoy me siento generosa voy a compartir la sabiduría adquirida durante los últimos meses para que las nuevas hornadas de monologuistas lo tengan incluso más fácil que yo para ponerse delante del micro.  Abierto. Eso sí.

Los lunes de Feísmo Cool en La Rubia Teatro

Como estamos en España y /o en Cataluña, la semana empieza en lunes. Así que el punto de partida será este open de estética y nombre moderniqui. Feismo cool. Conducido por dos milenials con suficiente ego para llenar la sala con sus chistes marca de la casa, parece que apuestan por la calidad y van a lo seguro, aunque siempre reservan algún hueco para nuevos aspirantes a openmikers. Hay algunos artistas asiduos, como Xavi Daura, que actúan semana sí y semana también. Yo sospecho que Daura vive allí, en la Rubia, justo al lado del MACBA.

Los jueves y domingos la cita es en el Barcelona Comedy Club

Bajo la batuta de un hombre orquesta que parece compartir el don de la omnipresencia con el chico ese que fue crucificado, los chavales del BCC tienen su espacio principal en Inusual Project, una sala bastante pequeña situada también en el Raval, muy cerca de los feísmos. La peculiaridad de estos opens es que a los cómicos que actúan por primera vez les ceden solo tres minutos. Y si no la cagan estrepitosamente pueden repetir con un texto más largo. Eso si son lo bastante rápidos para levantar la mano antes que sus compis en plan “yo la sé” “yo la se” en un grupo de Facebook exclusivo para cómicos.

Sábado sabadete, hacemos un doblete con AJaJeJo y L’Altre Mic

Durante estos últimos meses de restricciones por el COVID los sábados al mediodía han coincidido dos formatos de open mic tan opuestos entre sí como el público que va a verlos. Por un lado, tenemos a un trío de raritos y provocadores que hacen performances en el escenario y cuyo mayor logro (ante el cual me quito el sombrero) ha sido donar todo el dinero de la entrada al Medi, local magnífico para celebrar espectáculos de stand up comedy. No me pregunto que habrán hecho con los ingresos de las entradas los organizadores de l’Altre Mic, en el teatro Almería, un open conducido en catalán por otro trío de cómicos (estos, de la ceba y vinculados a la CORPO, Tv3 y Catalunya Radio) y cuyo mayor logro ha sido ser muy trabajadores.

Cómicos de Barcelona, el open más acogedor

Los sábados por la tarde le toca el turno a uno de los open más amigable y menos elitista de la ciudad. Estos mismos adjetivos sirven para definir a su organizador. Un encanto de persona que ha conseguido llenar sus espectáculos semanales con público de verdad, es decir, ajeno a la escena del stand up comedy. En Gracia.

Las feministas de las Riot y los LGTBI de L.O.C.A Comedy organizan sendos espectáculos en formato open mic de forma regular, aunque no está muy claro ni cuándo ni dónde. De todas maneras, si no eres de utilizar con convicción y hasta la sopa términos tipo orgullo y patriarcado, olvídate de ellos. Ni les interesas ni te interesan.

Los intrusos de Comic Lingus a golpe de ensayo y error

Los (pen)últimos en llegar han sido los cutres de Comic Lingus, que no saben lo que hacen. Se ve que tienen open mic los domingos por la tarde y que organizan un concurso mensual con los mejores de cada semana. Al parecer también tienen un espectáculo los viernes (que empiezan un martes) al que han llamado #tus15minutosdeGloria. Y se rumorea que una vez al mes organizarán un open para tortilleras. El local, situado en Gracia, mola mogollón.

¿Qué es la Fiscalía Comedy? El humor negro, de la mano de un cómico que sabe lo que quiere, se da cita una vez al mes en el espacio Transforma (al lado de la plaza Tetuán). Muy recomendable.

También existen open mics en inglés y en francés y en italiano. Fin de la cita

El talento de los muertos

¿Está mal hablar mal de los muertos? ¿O solamente está mal hablar mal de los muertos que al morir despiertan un sentimiento colectivo de compasión?  En plan compasión nivel leyenda. Pues a mi no me sale no hablar mal de ciertos muertos simplemente por el hecho de que estén muertos. Por ejemplo, Pau Donés. Para mí está claro que la mediocridad de sus canciones no ha evolucionado hacia nada mejor una vez fallecido. Y, al parecer, el cáncer que le diagnosticaron y que acabó con su vida, tampoco mejoró sus habilidades con la pluma.

He leído con estupefacción los veinte mandamientos para ser feliz que el difunto letrista y cantante de Jarabe de Palo nos dejó como legado. Un hermoso intento de desvelar una de las grandes incógnitas filosóficas, si no la que más, que más viene (valga la redundancia) obsesionando al hombre civilizado desde hace muchísimos años.

Y no. No dejó escrito nada interesante. No pongo en duda que sus pensamientos y sus sentimientos no fueran (es decir, fueran) de una clarividencia y profundidad exquisitas. No lo sé. Simplemente, no lo sé. Sí que sé, esto sí, y probablemente debo agradecérselo a él, que no supo expresarlos en sus escritos. Y es que a veces se nace con talento, que al parecer no es el caso, pero nunca se vuelve uno más talentoso por el simple hecho de morir. Ni aunque se muera demasiado pronto. Ni aunque los testigos de esa muerte nos sintamos en la misma medida afortunados y culpables por el hecho de seguir vivos.

Zascas

¡Vaya dos zascas me metieron ayer. En toda la cara.

El autor, un cómico hasta hace cuatro días totalmente desconocido para mí.

Después del segundo zasca dejó de agradarme su humor. De hecho, con el primero ya se había extinguido mi moderado interés hacia su persona.

Lo más penoso es que no me ha quedado claro si intentó hacerse el gracioso o si es un maleducado.

Le fui a felicitar por su monólogo. Su respuesta no merece ser recordada.

Resultados encuesta sobre pensamiento mágico

A falta de las respuestas de la ciudadanía, me atrevo a decir que si crees en Dios y no en el ratoncito Pérez, eres un iluso selectivo

Dopamina

He conocido a alguien. Anda escasa de dopamina, como yo. Dicen.

Hace ya casi diez años le llegó un paquete sin remitente que le cambió la vida. Como a mi. Dicen.

Veinte años no son nada. Dicen.

Veinte, casi, son los años que me separan de J.T. Una persona que ha entrado en mi vida por la puerta grande. Aunque podría ser mi hija, siento que en verdad también podría ser mi hermana. Mi madre. Mi abuela.

Lo que no te mata, te engorda. Dicen. Y ella, aún siendo delgada por fuera, por dentro es una de las personas más gordas que conozco. Gorda de inteligencia, empatía, madurez, honestidad y bondad.

Gracias a su ejemplo, a su admirable fortaleza y a su inspiradora sensibilidad voy a explicar esta historia. ¡Va por ti!

En el año 2013 me diagnosticaron parkinson. Tenía cuarenta y un años y un hijo de tres. No faltaron las lágrimas, pero en el fondo respiré aliviada. Después de un periplo de más de dos años de visitas médicas, de prueba y ensayo en prácticamente todas las disciplinas (incluso recurrí a la acupuntura y la osteopatía) ya tenía una respuesta y, por lo tanto, un tratamiento al que aferrarme para salir del infierno.

Recuerdo perfectamente cuando aparecieron los primeros síntomas. Fue poco después del parto de mi hijo, en 2009. Empecé arrastrando la pierna derecha. Poco a poco las molestias se hicieron extensivas al brazo y la mano, también del lado derecho. Ironías de la vida, a medida que observaba los progresos de mi hijo en su motricidad fina, la mía empeoraba. Tareas tan sencillas como batir un huevo se convirtieron en hazañas imposibles. Aprendí a utilizar el ratón del ordenador con la mano izquierda. Cada vez caminaba peor. Era muy visible y me sentía muy angustiada por lo que pasaba y también por lo que me decía la gente. Un infierno. Viví un infierno. Una vez se confirmó que tenía la enfermedad, empecé un tratamiento con fármacos y recuperé la ilusión de vivir. Ya sé que me repito. Es importante repetir lo que es importante.

Durante todos estos años he aprendido a convivir con una enfermedad crónica, degenerativa y asociada a la tercera edad (cuando no llegas ni a los cincuenta). Lo primero que hago al levantarme es tomarme cinco pastillas. Y a lo largo del día me sigo tomando dosis de dopamina. Sí, una de las características de las personas que tenemos parkinson es nuestra escasa producción de dopamina. Y otras sustancias. Pero lo de la falta de dopamina (la hormona de la felicidad) es lo que es.

El parkinson (mi parkinson) es una lucha constante para no perder el equilibrio. Literalmente. El equilibrio de mi cuerpo para no caerme, el equilibrio entre mi cuerpo y mi mente, el equilibrio emocional, el equilibrio entre las sustancias químicas que figuran en mi receta sanitaria, el equilibrio profesional, sexual, social y, por último, y no por eso menos frustrante, el equilibrio intestinal.

Por mi manera de ser, lo que más me ha costado aceptar a lo largo de estos años ha sido la visibilidad de los síntomas, que acostumbran a manifestarse ante situaciones desestabilizantes o cuando hay un desajuste entre la medicación y tus necesidades. Se supone que esta no es una enfermedad silenciosa. Y sin embargo, para mí, lo ha sido durante muchos años. Y es que las personas que desarrollamos parkinson antes de haber cumplido los cincuenta somos invisibles. Un silencioso 15% que pasa a formar parte de los colectivos olvidados.

Como consecuencia del desconocimiento de la enfermedad y también del desconcierto ajeno por no encajar en el perfil de paciente típico de parkinson, puede surgir el estigma y éste a su vez puede tomar dos direcciones: la lástima y la crueldad.

Ambas suponen un obstáculo más a mi lucha diaria contra la rigidez, la tristeza, la lentitud y el victimismo.

Mi neurólogo y mi psicóloga me animaron desde el principio a tener una actitud positiva. Me ha funcionado. Es la mejor estrategia para llevar una vida “normal”. El 2020, año que, afortunadamente, ya se acaba, ha sido el más duro de todos. He olvidado temporalmente ese importante consejo y he caído en el pesimismo, la depresión y la apatía.

Sé que todo lo que me ocurre no es culpa del parkinson. Y J.T. me lo ha recordado. Sí, convivo con la dichosa enfermedad, pero también tengo muchas otras cosas en mi vida, algunas buenas y otras no tanto, como todo el mundo. También sé que el parkinson me ha cambiado. No solamente la vida. Mi personalidad ha cambiado, mi manera de ser, de relacionarme conmigo misma y con los demás. Ahora tú también lo sabes.