Reservado el derecho de admisión

La pregunta del millón, y más en estas épocas que se avecinan de tanto derroche de amor, espiritualidad e hipocresía, es, al menos en mi cabeza: por qué se empeñan en pertenecer a un “club” y negarse a cumplir las normas?

Y no estamos hablando precisamente de un club selecto, más bien lo admite todo… Aunque, bien es cierto que, una vez dentro, tanto los directivos como los trabajadores, asumen como misión principal insultar a todos esos miembros, y acusarlos en toda la cara y delante de todos, de no cumplir con las dichosas normas.

Y aún así, los socios ultrajados no tiran el carné, ni lo queman, o lo dejan en un cajón del armario, silencioso y cubierto de polvo. No, prefieren jusitificar ante si mismos y ante el mundo que ellos no van al club porque prefieren hacer las actividades en su casa y a su manera. Y no todas, sólo algunas, y otras a medias. Dicen que creen en los principios pero no en el método, y sobre todo no en las normas de ese club, según sus palabras, “rancio, corrupto y que no representa los valores originales de cuando se fundó”.

Cómo si ellos hubieran visto o vivido esos primeros años de esplendor a los que ahora se agarran desesperados para no cortar el cordón umbilical!

Será por qué en este rincón del mundo a todos nos hacían socios al nacer y, erroneamente, muchos piensan, que el dichoso club tiene la exclusividad en valores y al borrarse, aunque no sea formalmente pero si de voluntad, uno se convierte en un ser huerfáno de moral?

Será porque no entienden que lo de yo creo “a mi manera” significa eso exactamente, a la de uno mismo? Y por tanto, no me digan que no es un ejercicio de lógica pura, pierde  sentido y es de una incoherencia aplastante (o llámale doble moral) el empeñarse en conservar la pertenencia al club…

Estamos en ese punto muerto en el que yo les diría a unos que sean valientes, que hay vida moral y bondad más allá de ese club (un ejemplo de inmoralidad y maldad pura, por cierto). Y a los otros, a los directivos de ese club, les digo: “Por favor, señores ( y no incluyo a las señoras porque el club no nos admite en los puestos directivos, además de considerarnos impuras y objeto de pecado) cuelguen de una vez el cartel de RESERVADO EL DERECHO DE ADMISIÓN, que nos tienen a media España confundida y pecando”.

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