Elefanta a la sala

textos creativos

Son las cuatro de la tarde y acabo de perder el tren. Por un minuto. Lo veo alejarse mientras me recompongo, con las manos apoyadas en las rodillas y la cintura doblada. Tomo aire y miro a mi alrededor, a ver si localizo la cámara y al actor principal al que tendré besar, porque os juro que esto parece la escena de una comedia romántica. Aunque de comedia no tiene nada. Y de romántica menos. Esto es humor absurdo

Miro a mi alrededor y la presencia de unos cuantos (demasiados) turistas colorados por un exceso de sol y de sangría me empuja a descartar el tema del beso (también me empuja a tirarme a las vías, la verdad sea dicha).

Noto particularmente la presencia de una mirada pegada a mi nuca y me doy la vuelta con un movimiento brusco. ¡ CRACK! Siento como si se me hubiese roto el cuello y me invade una sensación de pánico. Me imagino confinada en una silla de ruedas para el resto de mi vida, como Superman o Stephen Hopkins y empiezo a moverme como si fuese un robot o Frankestein.

Entonces me doy cuenta de que el CRACK no venía de mi cuello si no que procedía de mi trasero. Cuando veo lo que ha sucedido, digo: —¡Mierda!. No, no es lo que pensáis. He dicho mierda como podría haber dicho “joder” o “caramba”. No es nada escatológico, tranquilos, tranquilos, ¡Tranquilidad, por favor! Que me tiro, eh, que me tiro….

Se me acaba de romper la costura de los pantalones situada justo en la zona “gluteal” (mira por donde, me acabo de sacar una palabra de la manga… o más bien del culo).

—Are you okay? — Me pregunta con la mirada el culpable de todo esto, el que me exploraba la nuca mientras yo sopesaba si valía la pena esperar al próximo tren en la estación o me iba de vuelta para mi casa. Había oído hablar de la reacción que tiene tu cuerpo ante la presencia de un estímulo lo suficientemente estimulante como para hacerte reaccionar, pero me había imaginado que si alguna vez me pasaba sería ante el semblante de un fornido bombero, deseosa de que me apagara el fuego que llevo dentro. Ahora bien, que mi culo y mi nuca estén tan compenetrados me da un poco de vergüenza.

Paso de todo y me ato la rebequita que llevo en el bolso, por si en el tren refresca, alrededor de la cintura y me relajo. Ya son las 16:05, ya falta menos.

Viene un tren, que no es el mío, y suben casi todos los pasajeros que están en el andén. Incluído el sodomizador telepático. Me quedo prácticamente sola en la plataforma y llamo a mi hijo, porque estoy aburrida. Y porqué le he echado un montón de menos esta semana. Y al Fortnite también. Mi nariz crece, crece, crece….. ¡Como si no fueses lo bastante larga de nacimiento!

Mientras espero pienso en otros viajes, en otros trenes y en otros tiempos. El viaje a Bologna. ¿Qué ha sido de esa chica de veinte años de esbelta figura y de rostro virginal? Pues parece que me la he comido. Llega otro pasajero, un chico joven muy mono y pongo mi pose MILF. Ni me mira. “¿Dónde estabas hace veinte años?” “Entonces sí que me habrías mirado..:”


—Si quieres me doy la vuelta y me miras la nuca ¡pervertido! —¡Ooops! Parece que esto último lo he dicho en voz alta.


—¿Cómo dice señora? —Responde el gilipollas de milenial este levantando la cejas.


—¿Que si quieres te doy el billete de vuelta porqué yo no lo gasto nunca? ¿Entendido?


—No hace falta. Solo ida. Me las apaño solo —me dice el chico. Y yo juraría que se le cae una lágrima, como bien le explicaré luego a la Policía.

A ver, si a vosotros una persona os dice esas palabras en una estación de tren ¿pues que os imagináis? ¡Pues que se quiere ir de este mundo cruel! Y como habla tan flojo, yo entiendo “No me las apaño” ¿Y que hacéis? Pues lo que haría cualquier persona adulta y progresista. Yo desde que vi Mar adentro, no puedo ver sufrir a la gente de esta manera. Así que cojo carrerilla y le empujo a las vías. Igual me he precipitado.

La cosa es que consigue trepar a la velocidad de la luz justo un segundo antes de que pase el tren. Tiene un ataque de ansiedad. Este chico está muy mal. Y le digo “Agarra lo que te has dejado” y lo vuelvo a tirar. Pero está claro que no es su hora porque se da un porrazo en toda la cara con el tren que está parado en la vía.

Entonces es cuando vienen los bomberos, la ambulancia, la Policía. Como he dicho al principio, esto no es una comedia romántica.

Me quieren poner una camisa de fuerza.
—¿Sabe si también hacen pantalones así de reforzados? —le pregunto al sanitario — Es para una amiga…

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