Hooligans del humor

Odio el reggaetón. Pero aquí estoy, aguantando estoicamente canción tras canción mientras las orejas se me van desangrando y la mala le leche me impide pensar con claridad. Me imagino a mi misma acercándome hacia la barra, despacito, y diciéndole al DJ, al oído, que su música y sus letras me ofenden profundamente y que  voy a reventarle la cara a puñetazos porque su gusto musical me parece un insulto a la inteligencia humana. Mi imaginación no tiene límites.

De repente la música para y sale al escenario un pobre tipo que dice que hace stand Up Comedy. Cuenta algunos chistes sobre gordos. Son muy malos. Pero me hacen reír y casi ya ni me acuerdo del DJ de mierda de antes. El tipo tiene huevos. Nadie se atreve a reírse de los gordos. Y menos siendo delgado. Se puede hacer comedia de los veganos, de las monjas y de los gitanos pero los gordos son intocables. Metafóricamente hablando. (Y literalmente también).  

Yo soy de las que pienso que los cómicos tienen cierta responsabilidad social y que deben plantear a través de la risa los debates morales necesarios sobre los temas tabú. Y si más no, es trabajo suyo, con la complicidad del público, explorar los límites del humor.

Y sin embargo sé que el pobre tipo del escenario va a acabar la noche con las gafas rotas y en el suelo golpeado por unos hooligans del humor que se creen mejor que nadie porque son capaces de reventarle la cabeza a una persona que, mejor o peor, y a su humilde manera, está intentando mejorar este mundo de mierda. Despacito.