Elefanta a la sala

textos creativos

La canción de 28 del agosto para ti

28/08/2020


Continua llegint

Yo soy de letras. Y en el instituto estudié griego clásico durante un curso. Saqué un cinco (por el culo te la …). Es broma, con lo empollona que era (¿las referencias sexuales me persiguen solo a mi o a vosotros también os pasa?) seguro que saqué un ocho (el culo te abrocho). Bueno, el profesor, el señor Bach, supo enseñarnos a sacar partido de lo que aprendíamos (como habéis visto, en mi caso, fracasó) para entender el significado de muchas palabras con las que nos cruzaríamos en la vida formadas por sufijos y prefijos de etimología griega. Me acuerdo de melómano y de flebitis.


Un día nos habló del término “polirrizo”, que está en desuso (es un adjetivo que viene a significar “de múltiples raíces”) y aunque tiene su origen en la botánica también se emplea para clasificar, o más bien dicho desclasificar, ciertos tipos de verbos que en sus distintas conjugaciones temporales varían de raíz. Bien, pues el señor Bach, que era sabio y muy amable nos instó a encontrar polirizzos. ” ¡Ponga un polirizzo en su vida!” escribió en la pizarra, animándonos a encontrar palabras jerárquicamente (y yo añado, letárgicamente) situadas por encima del resto. Hoy les he pedido a amig@s y conocid@s que buscaran en su vida un famoso, léase persona situada jerárquicamente (y yo añado, letárgicamente) por encima del resto. La respuesta ha sido una pasada. Vais a flipar.


De todas las anécdotas, la que más me ha impresionado ha sido la de una camarada de apariencia francesa y ascendencia rumana que, cuando tenía cinco años, fue la elegida de su escuela para entregar un ramo de flores al mismísimo Nicolae Ceausesco en una visita oficial a una fábrica. Sí, el mismísimo ilustre señor, también conocido, según la Wikipedia, como:

  1. Eminente revolucionario y enardecido patriota.
  2. Genio de los Cárpatos.
  3. Roble de Scornicesti.
  4. Campeón de la Paz.
  5. Hijo más querido del Pueblo.
  6. Gran abanderado.
  7. Brillante conductor del partido y el Héroe país.
  8. Personalidad excepcional del mundo contemporáneo.
  9. Héroe del Trabajo Socialista.
  10. Gran Héroe de la Paz, el entendimiento y la colaboración entre todas las naciones del mundo.

A los padres casi les dio un infarto cuando la niña regresó a casa diciendo que Ceausesco era un viejo chocho que no tenía nada que ver con el hombre de la foto que tenían en clase. Bueno, entiendo que no lo diría así exactamente. Supongo que lo dijo en rumano.


Tampoco está nada mal el repaso que le dan a Ladislao Kubala, un vividor y juerguista que se alojaba en hoteles por la patilla, precisamente el mismo sitio por el que se pasaba las normas de urbanidad y decoro que se exigían en el club de tenis en el que el exfutbolista del Barça practicaba, con gran maestría y sin camiseta, tan noble deporte. Resulta que el encargado de dicho club era el padre de mi colega y relator de los hechos. Y resulta también que cuando a este buen hombre se le hincharon los cojones de aguantar las faltas de respeto de Kubala por el resto de la humanidad que tenía que sufrir su presencia, pelo en pecho y en gallumbos, le invitó abandonar la pista. Nunca regresó. Y comieron perdices.


Una chavala me ha dicho que se lio con Bruce Willis. La cosa es que luego lo ha desmentido y ha concretado que liarse lo que se dice liarse, no se liaron. La susodicha ha puntualizado que lo tuvo muy cerquita, al protagonista de la Jungla de cristal, en el Planet Hollywood de NYC, exactamente a un metro y medio (la distancia de seguridad). Fue en 1994. Y realmente le gusta el tío porque cuando alguien ha puesto en duda el atractivo del actor debido a su frente despejada, no veas cómo ha salido en su defensa para reivindicar la condición de calvo guapo del ex de Demi Moore.


A propósito de guapos, también me han hablado de Eduardo Noriega y de los intentos fallidos de una dama por establecer contacto visual con el actor cántabro en la zona VIP de la Fórmula Uno. La misma dama estuvo al borde de la orden de alejamiento de Joaquín Cortes, al que, después de recriminarle su extremada delgadez y animarle a alimentarse mejor, persiguió montada en una moto mientras él huía despavorido en su coche.


Visto el historial, al final resultará que esta dama, casada con un ciudadano japonés, ha logrado progresar en su relación con éste precisamente gracias a las dificultades iniciales de ambos para comunicarse entre sí. Ahí lo dejo.


Otro pavo real, guapo donde los haya se quedó solamente como pavo (sin el “real”) cuando dos señoritas sin vergüenza alguna le preguntaron el nombre y se conformaron con “Alberto” (sin el “San Juan” detrás) al no reconocerlo del todo. Les sonaba su cara, pero no le acabaron de ubicar. No hubo ni sexo ni autógrafos.


Ahora vamos a ir por bloques: jugadores del Barça y esposas, otras modelos, políticos, músicos y Casa Real.


Disparo:
El Messi de los primeros años sonreía de buena gana cuando los aficionados le pedían que se hiciese una foto con ellos. Ahora son los que tienen esa foto los que no pueden disimular su sonrisa cuando la van mostrando a sus amigos. Y, sobre todo, a sus enemigos.


Piqué y Shakira son un encanto (y ella mucho más guapa al natural). Figo, un chulo de mucho cuidado y su esposa, la modelo Helen Lindes, una belleza natural de las que van con la cara lavada y el culo “apretao”. Puyol luce cochazo al lado de su esposa, modelo también, Vanesa Lorenzo, que cuando vivía en Sant Adrià se ve que ya era un poco estirada la niña. Es fascinante el binomio futbolista y modelo. Y si le añades un coche de nuevo rico, la ecuación ya resulta espeluznante. Wellcome to the brain– free zone!


Seguimos con las modelos, se ve que Judith Mascó es una prepotente de armas tomar y que Martina Klein invitó a sus vecinas de la calle Puigmartí a merendar para que le dieran permiso para hacer unas obras en casa.


Músicos: Tenemos desde el afortunado que ha viajado en el mismo avión que los Strokes el día despues de asistir a su concierto, a la agente de viajes a la que Paco Ibáñez le cantó por teléfono, enterita, “Cartas para Julia”, agradecido por su trato. La emoción le desbordó a la chica a pesar de la frialdad de sus compañeros. ¿Envidia?


Cenar con Paco de Lucía, que te pare Pablo Milanés cuando haces autoestop, tomar algo con Manu Chao. Todo esto ha pasado. De verdad. Aunque no a mí.


La Casa Real son palabras mayores. Imaginaros que estáis en la escuela, aparece en el comedor la infanta Elena (la menos lista y la menos guapa) y se le cae la bandeja allí mismo, delante de todos los alumnos. Pues eso, la chica sigue siendo todo eso y más.


Un amigo me contó que coincidió en un backstage con el príncipe Felipe, antes de ser rey, y que como para él y su colega era una novedad lo de la bebida gratis, los dos cogieron una buena cogorza. Tan buena, que mi amigo se animó a darle una colleja al de la sangre azul, en plan compadre, pero no había ni levantado la mano que se le tiraron encima dos guardaespaldas y le quedó claro que no todos somos iguales, a pesar de lo que diga la Constitución. Mi parte preferida de esta anécdota es cuando mi amigo le dijo al suyo que acababa de ver al príncipe. Y el otro, pensándose que se refería a otro amigo común que tenía el sobrenombre de príncipe, le preguntó: ¿Y cómo ha entrado?

Alexia de Grecia era una asidua del Boulevard Rosa. También allí habían comprado cositas, cuando el centro comercial todavía existía, Julia Otero, Emilio Sánchez Vicario, Chenoa, Elsa Anka, Núria Roca, Gisella y Antonio Resines.

Eduardo Mendoza destaca como el único escritor mencionado. Olé para la afortunada.

Los políticos locales Pujol, Mas y Maragall, son los que la gente tiene más presentes. Todo el mundo los ja visto alguna vez en algún lugar de Barcelona. O de Andorra, vete tu a saber. A nivel internacional, un amigo (el del príncipe) coincidió con Berlusconi en una feria en Milán y para hacer la broma se le cuadró como si fuera un militar. Y Berlusconi estaba encantado. Y mi amigo tiene un problema.

Finalmente, pasaremos revista a los actores y músicos y famosetes catalanes que la gente me ha mencionado. No sin antes aplaudir a Aureli del Pozo por sus cinco segundos comiéndose la pantalla en la última película de Santiago Segura. Ánimos, todavía te quedan catorce minutos y cincuenta y cinco segundos.

Pues bien: Pau Riba, Rubianes, Luís Mauri, los actores de Polonia, el Roger de Gràcia, el Berto Romero, la Isabel Coixet, etc, etc.


Mi padre estuvo comiendo con los actores Arturo Fernández y Analía Gadé. Fue una comida de campaña con motivo del rodaje de la película “La fiel infantería”, que se filmó cuando mi progenitor hacía la mili.

Y ya solo quedan mis famosos. Hay muchos más, pero me centraré en los dos más conocidos universalmente.
Por un lado, tuve el honor de hablar por teléfono con Gregory Peck. Fue en el año 2000 en Nueva York.

Dos años antes, también en NYC, yo ya había coincidido con otra persona muy poderosa y famosa. Bueno, en ese momento todavía no lo era. Pero unos añitos después, su fama explotó en todo el mundo (literalmente). Estoy hablando de Osama Bin Laden, con el que coincidimos en un taller de papiroflexia.
Todavía guardo el avioncito de papel que me regaló.

Aunque igual esto último lo he soñado.

Voy a empezar este relato con una duda. Cuando me refiero al funeral de mi vida, ¿puedo incluir mi propio funeral o ese sería el funeral de mi muerte? Si hay un lingüista en la sala que tenga clara la respuesta, por favor, que nos ilumine con sus conocimientos semánticos y ponga remedio a este interrogante y duda existencial, nunca mejor dichos.

Y dicho esto (vaya con tanto dicho) voy a empezar por describir cómo quiero que sea mi funeral. Y que quede claro que esto es una primicia en toda regla. Y que quede claro también que, si antes de mi muerte no dejo otras instrucciones al respecto, este documento debería tener la suficiente validez legítima (legal no lo sé ni me importa) para que mi voluntad sea respetada. Y así lo dejo escrito. Es muy sencillo. Lo que yo quiero, cuando me vayáis a despedir, es que en la sala donde tenga lugar el ritual, ya sea el propio tanatorio o un “chiqui park”, se organice una proyección de la película La vida de Brian de los Monty Python y que la gente se vaya de la sala tarareando “siempre mira el lado bueno de la vida” (always look on the bright side of life).

A ver si yo tengo más suerte que mi abuela, que se pasó media vida diciendo que en su funeral no quería recordatorios, que la gente se los dejaba en el banco de la iglesia sin ningún tipo de miramiento. Pues uno por el otro, la casa sin barrer, y recordatorios que te pillo. Increible.

Ya sé que es hablar de muerte y la gente se empieza a poner nerviosa. Nada, que la muerte no nos gusta, no nos gusta nada de nada. Y que igual tendríamos que empezar a meditar sobre el tema y a darnos cuenta de que todos nos vamos a morir. De hecho, pienso que es más fácil aceptar la muerte propia que la muerte de los seres queridos y si no me creéis, os invito a que hagáis el ejercicio de imaginaros ante ambas situaciones.

Como dijo un conocido filósofo (o fui yo…): morirse es una putada. Aun así, a no ser que seas creyente y te hayas portado mal, sabes que una vez muerto ya no sufrirás. Sin embargo, si ahora te planteas como te sentirás ante la muerte de una persona que quieres, también sabes, o intuyes, que sufrirás, no solo por ella y porqué ya no pueda disfrutar de la vida sino por ti mismo y porqué ya no podrás disfrutar de tu propia vida junto a ella. Y ese pensamiento, sentimiento o vacío, dilo como quieras, puede acompañarte hasta el día de tu muerte.

Por ello, en el fondo, pienso que los funerales no son simples convenciones sociales. Son importantes. Opino que para afrontar una pérdida de una manera sana es necesario algún tipo de ritual que sirva de punto de inflexión para aceptar, primero. Con el paso del tiempo, poco a poco, si aceptamos la muerte, seremos capaces de transformar los recuerdos dolorosos sobre esa persona en parte de nuestro propio yo.

Yo he llegado a tan sabia conclusión con el paso de los años y de los golpes que me han traído la vida y la muerte. Solo hace falta mirar atrás y observar la relevancia con la que en todas las civilizaciones los rituales funerarios han estado presentes. O comprender la desesperación de los familiares de personas desaparecidas, que no pueden dar el paso, o hacer el clic, aunque esté más que claro que sus seres queridos y no encontrados ya hayan fallecido.

El hombre (y la mujer) del siglo XXI, en general, se cree más poderoso que nunca a pesar de su pobreza moral, que nunca fue tan pobre. ¿Cómo si no, se puede explicar esa negación de la muerte? Es de traca que seamos tan necios de banalizar las costumbres que la visibilizan y que, y está pasando, dejemos de ir a los funerales de amigos, conocidos o incluso familiares por pereza o por falta de tiempo.

En los últimos años he ido a tres funerales de familiares de tres compañeros de trabajo. Lo que más me sorprendió en dos de ellos fue la presencia cero de otros compañeros y jefes. Gente a la que ves cada día… Es lo que tiene la falta de humanidad y de humanismo. Y la verdad, ambos funerales fueron un espectáculo en sí.

Uno era el funeral de una mujer de 50 años que había estado enferma durante más de diez. Había mucha gente. Todos llorando, excepto el viudo y las hijas. Oficiaban la ceremonia tres curas y uno de ellos lloraba también. Sin poder contenerse. Eso no lo había visto nunca.

El otro funeral era de una señora mayor y los nietos le dedicaron canciones a ella y al abuelo que estaba en el primer banco de la iglesia, tal cual Ernest Hemingway, con la barba blanca y mucha planta. Los chicos hicieron promesas en voz alta sobre temas varios. Y también peticiones. Y hubo uno que incluso se atrevió a cagarse en la Iglesia y exigió que asumieran responsabilidades por errores y daños cometidos. Fue épico.

Una vez asistí a un funeral laico que también fue precioso. Hay que ver la gente como se lo curra. Parlamentos originales, canciones, power points, etc. Y eso que en teoría no tienes mucho tiempo de margen. A no ser que te lo vayas preparando con el muerto en vida. Hablando de eso, y no puedo decir nombres, yo viví y participé de un paripé para un futuro (futuro de entonces, ahora ya es pasado) muerto ilustre. La cosa es que, como venía fin de semana, mientras el pobre hombre agonizaba, un viernes por la mañana ya se lo estábamos organizando todo todito. Y así, cuando el hombre ya estuvo frito, eso pasó dos días después, en domingo, fue solo cuestión de apretar un botón.

En el funeral del padre de una amiga, oficiado por un cura muy cercano a la familia, en el momento de explicar las virtudes del recién traspasado, el prelado insistió demasiado en el hecho de que “a pesar del mal carácter” había sido buena persona. Lo dijo tantas veces lo del mal carácter (era su opinión) que yo creo que a nadie allí presente se le olvidará esa peculiaridad tan subjetiva del difunto y este será injustamente recordado entre los no muy allegados por un rasgo que no es relevante ni significativo ni tan siquiera fiel a la realidad. Sin duda, ese fue un sermón con un desafortunado enfoque.

¿Qué más? Pues en el tanatorio del padre de mi cuñado, hace unos añitos, llegó una señora del OCASO y justo me preguntó a mi si podía hablar con alguien de la familia. Yo que me acerco a él (cuñado) y le digo: —Salvador— indicándole con la mano a la señora. Justo entonces iba añadir que la susodicha venía del seguro de la funeraria, pero Salvador fue más rápido que yo y cuando me di cuenta ya le veo dándole dos besos a la mujer, pensándose que era amiga o conocida o una prima lejana. Si es que en este país los besos los tiramos, no los damos…

Después están los funerales a los que no vamos porqué nadie nos ha avisado. De este tema saben mucho nuestros padres y da mucho de sí. Como se trata de unas batallas que no me van y el asunto no me enfurece particularmente, voy a preguntarle al Carcamal si nos quiere deleitar con una opinión ocurrente al respecto en uno de sus magníficos escritos.

Y no puedo terminar sin mencionar el funeral que nunca llegó a celebrarse. Yo ya sé de lo que hablo, pero no lo voy a explicar aquí. A veces los recuerdos son demasiado dolorosos para ponerles palabras.

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